VIGENCIA

La Llave de los Portales Avileños

Con mi sombrero de yarey

Hay quienes definen como una persona culta a quienes van por la vida alardeando saber de todo y son como una enciclopedia viva con un título universitario bajo el brazo.

Según sus estereotipos, tener cultura entraña saberlo todo y hablar de los más disímiles asuntos –filosóficos, artísticos, históricos, literarios…- con conocimiento de causa.

En fin, disertar sobre lo humano y lo divino a la manera de un contemporáneo Diderot. Un hombre de esta estirpe tal vez no sepa elaborar un café carretero en pleno cañaveral, o declararse incapaz de tejer un sombrero de yarey. Cultura es un concepto mucho más abarcador.

Tiene en cuenta matices que nada tienen que ver con cátedras ni con pergaminos, es todo lo que el hombre aporta con su trabajo a la cotidianidad.

“Ser cultos es la única manera de ser libres”, dijo Martí en una de sus más atinadas sentencias. Y Fidel fue también preciso al advertir que “la cultura es lo primero que tenemos que salvar.”

Estos conceptos no deben soslayarse en la colosal tarea de masificarla en la sociedad cubana actual. A todas luces, uno y otro se referían a la cultura en su más amplio sentido.

¿De cuánto valdría que mil ó 10 mil personas supieran decodificar un mural de Picasso, o comprendieran cabalmente una sinfonía de Beethoven, si no se tiene en cuenta la cultura popular de la mayoría?

Por masificación de la cultura debemos entender la voluntad de llevar el conocimiento a todos los sectores de nuestra población. No hacer distingos entre el intelectual y el campesino.

Un guateque de barrio tiene tantos valores culturales como un concierto de lujo. El primero surgió para que prosperara el segundo. Ambos son vasos comunicantes para fortalecer la identidad del país.

Masificar la cultura es alegrarle el alma a la gente con obras dignas de ella. Y no hay que subestimar a nadie en lo absoluto. Cualquier joven campesino actual tiene nivel para apreciar una obra de arte con un mínimo de rigor, porque la educación y la cultura son conceptos que van de la mano.

Por tanto, la cruzada exige vuelo, calidad y preparación si se pretende ponerla en su justo lugar. Y darles visos culturales lo mismo al timbalero que al violinista. Considero que es más importante defender lo que creemos y no perdernos en la sutileza de la palabra.

Es mejor emplear nuestros conocimientos en atajar cualquier disparate que nos lleve a confundir un proceso con una consigna. Decir cultura no es un torneo para definir quién aprende más, es enaltecerla defendiendo nuestras raíces.

Razones sobran entonces para defender “mi sombrero de yarey”.

Por Yoanne Mursulí Rodríguez

Email: ymursuli@enet.cu

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4 febrero 2010 - Posted by | Sin categoría

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